Las fotografías que guardamos en el teléfono o en la nube pueden contener más información de la que parece: lugares, fechas, nombres de archivos o incluso detalles del entorno. Por eso resulta útil revisar los permisos de las aplicaciones, mantener las cuentas protegidas y pensar antes de compartir una imagen. Son pequeños hábitos, pero ayudan a tener un mayor control sobre el contenido personal.